Tengo otra prima, Mari Carmen. Esta es más lejana, y toda su vida la hemos tildado de listilla y engreída. Obviamente, me he tenido que comer mis palabras después de la evaluación. He compartido con ella los resultados, y lo primero que me ha dicho es que pasa de llamarme "superdotada" o "persona con altas capacidades intelectuales". Yo le he dicho que tenía el nombre perfecto: persona con "el regalo", pero me ha dicho que eso suena a secta. Ella ha decidido llamarme "chica genio". Y yo, rápidamente, he pensado en ésta chica genio:
Pero luego he caído en la cuenta de una de las cosas que más pueden gustarme en este mundo: la polisemia. Y, obviamente, genio tiene otra acepción que también va mucho con... ostras, es que ya no sé qué nombre usar pero eso, va mucho con las personas como yo. Tenemos mucho genio, somos pura víscera. Que esto es lo primero que te sorprende cuando llegas al mundo de las altas capacidades y te lees "¿Demasiado inteligente para ser feliz?" que podría llamarse perfectamente "Ser superdotado 101" porque es una guía básica de cómo somos, cómo identificarnos y cómo vivir siéndolo. Porque una siempre ha pensado que tan lista no será cuando es tan pasional, tan visceral, y está todo el día enfadada. Que ríete tú de Bruce Banner y Hulk. Es más, yo diría que Hulk, y no Dr. Strange, es el superhéroe que mejor representa a la comunidad de altas capacidades. Un científico muy pro al que como le toques un poco las narices le pones verde y arrasa con todo a su paso si no reconoces, por ejemplo, que a pesar de que la Real Academia acepta que se escriba "solo" siempre sin tilde eso no tiene sentido ninguno porque es una tilde diacrítica. Este es el tipo de cosas que pueden provocar guerras mundiales entre personas con altas capacidades. Ni confirmo ni desmiento que he perdido algún novio por cosas más nimias.
Bueno pues, amigas, resulta que todo eso de la visceralidad, el apasionamiento y demás también es culpa de que nuestro cerebro vaya distinto. El por qué tenemos más conexiones neuronales no lo sabemos, tampoco por qué tenemos mayor velocidad de procesamiento. Lo que sí sabemos es que esas mil voces que hablan a la vez en nuestra cabeza todo el día, todos los días, a veces si se sienten un poquito estresadas pueden resolver muchos escenarios distintos rápidamente y enviar a otras regiones del cerebro órdenes contradictorias... Vamos, que como la máquina funciona más y más rato también se colapsa más veces y peor ¿Y qué pasa cuándo el cerebro se colapsa? Pues que apaga la parte de razonar. Sí, se apaga. Dice "que te aguante otro, superdotado de las narices". Y ¿qué queda? El sistema límbico, que dice "venga, pues vamos a explotar" y explotas. Luego, además, somos esto que llaman altamente sensibles ¿Por qué? Pues porque nuestra cabeza es como el primer Gran Hermano, que todo se magnifica. Más conexiones, más rapidez, más capacidad de sentir más profundamente. Y ahí me ves, que parezco sacada de un anuncio de compresas cada vez que voy por la calle, llorando de emoción porque noto el viento en mi pelo o el tacto de las hojas de un árbol.
Tan lista no seré si me engancho con otras personas en disputas, tan lista no seré si en ocasiones me gobiernan mis emociones... Bueno, a veces no: siempre. Y es que las emociones van primero, y luego las racionalizas y haces lo que puedes con ellas. Jeanne Siaud-Facchin, la autora de "¿Demasiado inteligente para ser feliz?" establece distintas tipologías de personas con altas capacidades, algunas que aceptan el sistema, otras que viven al margen del sistema y otras que lo combaten. Pues bien, dentro de las que lo aceptan hay un tipo de superdotado que ha decidido "amputar" las emociones porque piensa que puede gobernarse con la razón. Un aplauso desde aquí para ellos, porque esto puede funcionar a corto plazo pero a lo largo de su vida van a tener crisis cada vez más severas donde su castillo de naipes se va a caer y van a tener que recomponerlo... sencillamente, porque están intentando vivir de un modo que no es real. A mí me parece más adaptativo dejar que el genio, entendido como mal humor, me traspase y simplemente desarrollar técnicas para no pagarlo con nadie. Lo mismo con las emociones. Porque, si no, se va acumulando como ropa sucia dentro de la lavadora y luego la petas, la intentas lavar y no está limpia porque has metido mucha. Me encanta esa analogía de la lavadora. Seguramente la usaré más veces. Igual que otros argumentos, soy repetitiva hasta decir basta. Pero dicen los manuales de comunicación que eso es bueno para que los conceptos calen. ¿Ha calado lo de la lavadora? ¿No? Pues ya lo volveré a usar.
Otra cosa de la que quería hablar hoy, y que tiene mucho qué ver con el genio, es de Matilda. El libro de Roald Dahl, la peli de Danny de Vito. Manita arriba si te sentiste identificado, o identificada con ella y no sabías por qué. A Matilda le llenaron los padres la lavadora, y terminó explotando y dirigiendo su ira a hacerles pagar por sus maldades. Ahí tenemos el sentido de la justicia de los altas capacidades. Pero cuidado con eso, porque tenemos un alto sentido de lo que NOSOTROS entendemos que es justo. Que, por lo que sea, no tiene por qué coincidir con lo que piense el resto de la Humanidad. Que también son personas, aunque a veces nos creamos mejor que ellas por tener un cerebro distinto. Otro día hablo de Hulk y los superdotados, que mi pensamiento arborescente ha decidido irse por las ramas y he parado de escribir para reflexionar sobre la vida en mi mente durante 45 minutos. Qué cruz. Tan lista como mi prima no seré. No lo seré.

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